“Porque, a pesar de su pasado solitario, Juan Gaviota había nacido para ser instructor, y su manera de demostrar el amor era compartir algo de la verdad que había visto con alguna gaviota que no estuviese pidiendo más que una oportunidad de ver la verdad por sí misma”


Mi madre me regaló el libro de Juan Salvador Gaviota que a su vez le regaló su hermano cuando era una adolescente. Recuerdo que lo leí a una edad temprana. A falta de las experiencias que me deparaba el futuro y de una madurez que adquiriría con los años, no logré empaparme del libro. Hace unos años, volví a leerlo y pude comprender el valor que tenía aquel libro. 

En ocasiones leemos sin alma, simplemente por el mero hecho de leer y documentarnos o como forma de relajación donde podemos evadirnos y buscar espacio. No siempre leemos de la misma forma y yo lo descubrí aquel día. 

Para mí la lectura es algo necesario, sea el motivo que sea el que nos lleve a abrir un libro o a encender el E-book. A mí siempre me ha gustado leer en soledad alejada del rumor de la gente y las distracciones del mundo. Ayer en clase hicimos una segunda lectura de un texto que nos indicó Coral. Cabe destacar que el texto era denso y no se encuentra dentro de mis tipos de lectura, pero aprendí una cosa. Al realizar la segunda lectura pude sacar en claro aspectos que no había logrado sacar en la primera. Leí de forma más cauta y prestando atención a los detalles que me resultaron más relevantes.
A veces es necesario leer dos veces, pararnos a pensar y si es necesario cambiar nuestro pensamiento a propósito de algo.

La frase con la que he titulado esta entrada me ha recordado a las palabras de Coral: "Si no se quiere, no se educa desde el corazón". 



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